Día del niño en Paraguay

Niños soldados en Paraguay

El día del niño en Paraguay se celebra el 16 de agosto de cada año. Pero ¿por qué en esa fecha, cuando en otros países se conmemora otro día?

La respuesta a esta interrogante nos traslada a un hecho histórico que marcó para siempre el rumbo del Paraguay. Se trata de La Guerra de la Triple Alianza, una gesta que devastó tanto al ejército como a la población civil paraguaya.

Durante este conflicto bélico librado entre la Triple Alianza de los ejércitos brasileño, uruguayo y argentino contra Paraguay desde 1865 hasta 1870, se estima que murieron de 200 a 300 mil paraguayos, siendo hombres el 80% de esta cifra.

Específicamente fue la Batalla de Acosta Ñu el escenario para el más cruel y sangriento hecho bélico que vería América y por el que se escoge el 16 de agosto como día del niño en Paraguay.

Población civil atacada en Acosta Ñu

¿Cómo fue que los niños paraguayos llegaron al campo de batalla?

La Guerra de la Triple Alianza es una de las afrentas más crueles que hayan marcado el rumbo de una nación. Paraguay se enfrentó a una guerra total, es decir, un conflicto bélico que traspasó las filas castrenses hasta alcanzar a la población civil.

Fue el 16 de agosto de 1869 cuando esta guerra llegó a un fragor inimaginable: el grito estruendoso de adolescentes y niños arrasados en el campo de batalla de Acosta Ñu.

Por una parte, el ejército paraguayo estaba claramente en desventaja tanto en número como en experiencia. Y, por otra parte, aunque en ambos bandos había niños militares, solo los chiquillos paraguayos se vieron obligados a disputar la batalla.

Remontándonos a ese momento histórico, los jóvenes cadetes, muchos de ellos adolescentes, participaban en las filas del ejército. Sin embargo, sus funciones no pasaban de ser las de un ayudante o ejecutor de instrumentos musicales. 

Soldado paraguayo

Una guerra que aún no llegaba a su fin

Tras 4 años de guerra, ya se podía intuir el final de la guerra puesto que, el ejército paraguayo estaba prácticamente extinto. Era tiempo de que los vencedores se retirasen y que el presidente de Paraguay se rindiera definitivamente.

Sin embargo, las tropas brasileñas estaban decididas a continuar una persecución sin tregua hasta darle muerte al mariscal Francisco Solano López. Este objetivo lo verían cristalizado el 1 de marzo de 1870, fecha que marcó el fin de la Guerra de la Triple Alianza.

La orden desde Brasil era “convertir en humo y polvo a toda la población paraguaya, para matar hasta el feto en el vientre de la mujer”.

Devastadora realidad de la guerra total

El mariscal Francisco Solano López tampoco le dio descanso al pueblo paraguayo. Aún en la actualidad es criticado su constante reclutamiento de población civil, especialmente jóvenes y niños.

En los registros históricos del Paraguay figuran, en las primeras oleadas de reclutamiento, el ingreso de jóvenes de 16 años a las filas del ejército. Pero esta edad fue cada vez menor, pasando por chicos de que contaban con 14, 13 y 11 años. Y la historia que los registros no cuentan, pero que quedó patentada en la memoria del pueblo paraguayo es que vieron morir incluso pequeños de 8 a 6 años de manos del ejército brasileño en la batalla de Acosta Ñu.

Esta guerra total llegó a convertir en ejército a toda la población que se vio obligada a tomar las armas porque, a la  larga, todos eran blanco del implacable asedio de la Triple Alianza. Niños, mujeres y ancianos, fueron durante los primeros años de la guerra un apoyo logístico. Pero al no haber más ejército que la población civil, esta se vio alcanzado por las luchas sangrientas en los 2 últimos años de la afrenta. 

El sadismo del Conde D’Eu

El historiador Juan José Chiavenato se ha dedicado a indagar acerca de los acontecimientos en la Guerra de la Triple Alianza. En el recorrido histórico plasmado en sus obras deja en claro la masacre ejecutada por el triple ejército contra paraguayos como una inminente medida de presión para que el mariscal Francisco Solano López se diera por vencido.

El ejército paraguayo y sus comandantes principales habían desaparecido, así que niños y mujeres quedaron expuestos a los eventos más sanguinarios de la guerra.

Las descripciones históricas de esta crueldad

Relata Chiavenato que en Acosta Ñu los pequeños de 6 a 8 años, sumidos en llanto, suplicaban a los brasileños que los dejaran vivir. Pero la orden era arrasarlos, así que los degollaban sin ningún tipo de piedad. Las mujeres que se hallaban escondidas en la selva corrían al campo de batalla para recibir el mismo trato implacable.

El sadismo desmedido del Conde D’Eu, comandante del ejército brasileño, no paró después de la batalla de Acosta Ñu, sino que mandó a incendiar la maleza en la selva. De este modo terminó de aniquilar calcinados a mujeres a niños agonizantes. Su orden era clara: exterminar “hasta el feto del vientre de la mujer”.

Chiavenato también relata en su obra “A guerra do Paraguay” cómo el Conde D’Eu ordenó además el exterminio de enfermos y agonizantes. En un acto de terrible crueldad, mandó a las tropas brasileñas a cercar el hospital de Piribebuy. Su voz de mando era mantener dentro a los enfermos, heridos y agonizantes mientras se perpetraba el incendio que extinguiría totalmente esas vidas.  Incluso, narra Chiavenato que, según sus investigaciones, hubo quienes intentaron salir del recinto, pero a punta de bayoneta fueron empujados a arder en las entrañas de aquel inclemente fuego.

Diferentes visiones y un solo veredicto: era admirable la valentía de esos niños

Hoy en Acosta Ñu se puede contemplar un monumento conmemorativo de la sangrienta batalla que convirtió en héroes a los niños paraguayos en 1869. Heroísmo que en la actualidad se conmemora con la festividad del día del niño en Paraguay.

Diferentes historiadores como Chiavenato y Potthast, historiadora alemana, nos han dejado en sus libros diversos registros históricos con un único veredicto final: era admirable la valentía de esos niños.

Ambos historiadores coinciden en que la afrenta se extendió unas 10 horas desde la mañana. Las bajas militares brasileñas fueron unas pocas, mientras que la devastación humana era evidente en el bando paraguayo.

Una sola afrenta bajo dos perspectivas

Según Potthast, en registros por ella estudiados, se consiguen relatos de soldados brasileños que dicen no haberse dado cuenta a buenas a primeras de que se tratase de niños. Sin embargo, durante el enfrentamiento, podía notarse que llevaban barbas falsas y palos simulando portar rifles.

Asimismo, la germana explica en su obra que halló manuscritos en los que combatientes brasileños se encontraban sorprendidos ante la entereza de estos pequeños. Según los registros por ella consultados, se afirma que los niños no lloraban al ser heridos. Su coraje en la lucha era tan imponente como el de los soldados adultos.

En cambio Chiavenato nos ofrece una visión realmente aterradora y moralmente catastrófica. Los niños suplicaban a los soldados brasileños que los dejaran con vida. Y para evitar una pelea aún más agónica, optaron por degollarlos de inmediato.

Esta última línea de investigación desarrollada por Chiavenato es apoyada por un registro escrito del puño de Dionísio Cerqueira, general brasileño que participó en aquella cruzada. “¡Qué lucha terrible esa entre la piedad cristiana y el deber militar! Nuestros soldados decían que no daba gusto pelear con tanto niño”. Esto explica el por qué degollar y dar muerte súbita a los niños soldados de Paraguay.

“El campo quedó lleno de muertos y heridos del enemigo, entre los cuales nos causaban gran pena, por el abultado número, los soldaditos, cubiertos de sangre, con las piernecitas quebradas, algunos de los cuales ni siquiera habían llegado a la pubertad”. El veredicto final del general Cerqueira no puede ser otro: “¡Cuán valientes eran para el fuego los pobres niños!”.

¿Guerra o genocidio?

Conociéndose ya las intenciones de arrasar con todos los paraguayos hasta dar con la cabeza del mariscal Francisco Solano López, podría decirse que la Triple Alianza se empeñaba más bien en acabar por completo con la población paraguaya. Entonces ya no se hablaría de una guerra, sino de un genocidio.

Por tanto, se ponen de manifiesto dos hipótesis acerca de cómo comenzó la matanza en Acosta Ñu, hoy ciudad de Eusebio Ayala, ubicada en el centro de Paraguay.

Según una teoría, el 12 de agosto el cuerpo logístico de las fuerzas paraguayas se separó de las filas del ejército. Esto se hizo con el fin de que López Solano pudiera huir, puesto que ya se sabía de la caída y masacre ocurridas en Piribebuy. Fue así como el cuerpo logístico, integrado por niños, ancianos y mujeres, quedó de su cuenta al descampado, viéndose forzados a pelear contra los brasileños.

Pero Potthast pone de manifiesto otra cara de esta separación. Y sería que esta masa de personas era usada como una barrera humana para impedir el avance de las fuerzas brasileñas. De este modo, podría salvarse lo poco que quedaba del ejército de Paraguay bajo el mando del mariscal López Solano y así resistir un tiempo más.

Los flancos débiles en Acosta Ñu

No cabe dudas de la vileza con que fueron atacados los niños soldados en Acosta Ñu, sin embargo, se suman a esta masacre otras debilidades que terminaron por darle la derrota incluso antes de pelear.

Los niños soldados eran muy jóvenes, tratándose de nenes hasta de 6 años de edad que ni siquiera tenían la fuerza necesaria, mucho menos la experiencia, para disparar un rifle.

La inexperiencia y terror de las criaturas también dejaban muy por encima al ejército brasileño.

EL ejército del Brasil contaba con 20 mil hombres, mientras que el bando paraguayo era una población de 3.500 personas apenas armadas. Se cree que en total había 700 niños y que el resto estaría conformado por adolescentes, personas de edad avanzada y mujeres.

El Brasil estaba muy bien armado, utilizando rifles Spencer con un alcance de hasta más de 500 metros. Mientras que el ejército paraguayo usaba en aquel entonces fusiles chispa cuyo alcance máximo era de 50 metros.

El decreto del día del niño

Como una manera de honrar a los niños masacrados en la batalla de Acosta Ñu, el gobierno paraguayo decretó en 14948 el 16 de agosto como el Día del Niño de Paraguay. El objetivo de celebrarlo en esta fecha y no un domingo de otro mes es recordar año a año su heroísmo.

Asimismo, en esta fecha se inculca en a los niños el recuerdo más puro de estos antecesores nuestros que dieron su vida como una ofrenda de la libertad que gozamos hoy.

Es además un deber de nuestra patria evitar que ocurra en el futuro un suceso semejante. Es por ello que actualmente se realizan labores educativas enfocadas en que toda la niñez paraguaya goce plenamente de sus derechos. Entre ellos el derecho a la salud, a la identidad, a ser protegidos, a tener una familia, a contar con acceso a la educación. Y especialmente, a no verse involucrados nunca más en procesos bélicos.

Por otra parte, celebrar el día del niño en Paraguay en esta fecha significativa, le da un mayor significado y arraigo desde nuestra infancia. No podemos olvidarnos del pasado, al contrario, solo recordándolo podemos evitar repetir sus errores.

Niña con traje típico del Paraguay

El día del niño y nuestra identidad nacional

La identidad nacional de los paraguayos se encuentra profundamente marcada por aquella tortura vivida por nuestros niños soldados.

Situándonos en el contexto histórico, la infancia no era vista del mismo modo que en la actualidad. Sin embargo, para el heroísmo no existe tiempo y, tanto ayer como hoy, el sacrificio de los niños soldados de Paraguay  es una prueba de la defensa de los más valiosos valores: el sentido de pertenencia e identidad nacional, el amor a la libertad, la honra de nuestros compromisos y el hecho de asumir responsabilidades hasta sus últimas consecuencias.

Celebraciones del día del niño actualmente

El día del niño en Paraguay  no es solo una fiesta para divertir a los pequeños de la familia, es un día para honrar la memoria de aquellos inocentes mártires que ofrecieron su vida por cuidar la soberanía de nuestra nación.

2 comentarios de “Día del niño en Paraguay

  1. Jubencia Gómez dice:

    Que tristeza cada vez que Leo estas triste historia se me parte el corazón me llena dolor .y a la vez siento orgullo de pertenecer a esta raza aguerrida que siempre fuimos y somos los paraguayos

  2. Elida del Puerto dice:

    Inmenso dolor al leer cada paso de nuestra historia….y peor aún por que en la actualidad ni siquiera tenemos un gramo de valentía de aquellos inocentes….somos una vergüenza por que hoy día nos dejamos robar por cada asqueroso político que asume el poder por obra de nuestro voto y que tampoco ponemos ni siquiera fin a esta podredumbre….

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *